Por Fernando Pequeño
Estuve compartiendo el 1° Encuentro de Etnografías en Territorios, un evento que desarrollaron en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) entre el 18 y el 20 de noviembre de 2025. El objetivo fue la Producción de conocimientos y nuevos desafíos frente a problemáticas globales. La actividad, impulsada desde varias cátedras de Antropología en el contexto del ICSHO, buscó democratizar el conocimiento y emplear la etnografía en sus diversas acepciones para abordar problemas sociales y culturales contemporáneos en el norte argentino.
Mi interés particular al intervenir en este encuentro radicó en el desafío de compartir y promover la mirada de género desde la óptica de los estudios de las masculinidades. Observé la necesidad de tensionar los enfoques tradicionales, que legítimamente se centran en la experiencia femenina, para incorporar la perspectiva del varón, promoviendo con mis intervenciones la necesidad de que esta dimensión sea constitutiva de los abordajes etnográficos.
El costo de la fuerza: masculinidades y ruralidad
El panel Experiencias Etnográficas de los Estudios
Rurales a la Perspectiva de Género fue el escenario donde esta discusión
cobró vida. Mis preguntas a las expositoras, Valeria Alonso y Carolina, se
enfocaron en dos dimensiones cruciales. Pregunté por la salud y el acceso al
sistema, señalando que este capta muy poco a los varones, especialmente en
relación con problemas como el uso de agroquímicos. Y pregunté sobre las relaciones
de poder/emancipación: ¿cómo las mujeres rurales construyen e imaginan a sus
varones en función de su propia autonomía y derechos, y cuáles son los costos
de la masculinidad?.
Las expositoras presentaron una construcción del varón
marcada por la hegemonía y la vulnerabilidad:
- Valeria
Alonso (Batán/Mar del Plata) documentó que los patrones de las quintas
hortícolas no contratan familias a cargo de una mujer. Se presume que el
varón debe tener la fuerza física para llevar adelante la quinta y
asegurar la rentabilidad. Esta expectativa de fuerza es lo que obliga a
las mujeres a soportar hechos de violencia de género o doméstica, pues
perder al varón implica perder el trabajo y el hogar.
- Carolina
(Misiones/Tabaco) relató que el uso de venenos/agroquímicos es una actividad
masculinizada. Los varones suelen negar el daño o se consideran "resistentes".
Además, aunque la lechería sea una actividad "súper feminizada,"
el varón es el que ocupa las posiciones formales de representación
(presidente de la cooperativa). Registramos que los hombres son víctimas
de sufrimiento social que se "encarna en estados nerviosos"
debido a la deuda con las empresas.
Problematizar las masculinidades para trascender la descripción de la
opresión femenina
Mi interés en los "costos de la masculinidad" me
parece que contribuye a complementar el análisis de las relaciones de género.
Al indagar en la experiencia masculina, trascendemos la mera descripción de la
opresión femenina para examinar cómo el sistema agroindustrial exige un
tipo de varón (el fuerte, el que se arriesga) cuyo sufrimiento y límites
corporales perpetúan la desigualdad de las mujeres, completando el círculo
de la interacción de género.
Salud Mental y el Desafío de la IA en la Academia
En la mesa sobre Experiencia de Investigación
Colaborativa Interdisciplinaria con las Cátedras de Antropología y Ciencias
de la Educación, presentaron un estudio cuantitativo sobre adolescentes de
Salta. El dato más revelador fue que la salud mental no es solo una variable,
sino que emerge como un valor central en sus proyectos de vida.
Se percibe de modo diferencial por género y clase:
- Para
el género femenino, la salud mental es el valor más importante, incluso
más que el dinero o el trabajo estable.
- Los varones
tienden a priorizar el dinero, el trabajo estable y la salud física.
- Esta
preocupación por la salud mental se intensifica a medida que sube el
estrato socioeconómico.
El equipo de investigadores quiso demostrar que la
producción de datos puede eliminar prejuicios. Al confrontar la idea de que la
salud mental "no existe como problema" en las políticas públicas, la
universidad genera información para el debate político, mostrando que este es
un valor arraigado en las nuevas generaciones.
El panel concluyó con un intercambio vital sobre la Inteligencia
Artificial (IA). Pregunté directamente: "¿Qué pasa con la gran IA? [...]
¿Cómo lo ven ustedes y cómo repercute en los métodos del la inteligencia
artificial?". El director del equipo, el sociólogo Javier Judi, sostuvo
que la "metodología en acto"—investigar para aprender a investigar—es
la defensa. Argumentó que la IA puede ser una herramienta para la redacción,
pero no puede reemplazar el análisis crudo del dato. La exigencia de que el
estudiante interprete y analice las tablas, y la exposición oral como filtro,
aseguran que la IA sea solo "una herramienta más del dato para construir
datos".
Igualdad Ancestral y Defensa de la Diversidad Indígena
En el panel La Voz Indígena y la Lucha por el Territorio y la Memoria, las expositoras, líderes de radio en Tartagal, nos dieron una lección de inclusión. Al recuperar la dimensión de la Inclusión y Defensa de la Diversidad, mencionaron especialmente a Casandra, una comunicadora trans que fue rechazada por su familia. La comunidad de la radio le "abrió una puerta" y la acogió como "una familia más", saliendo a defenderla en la calle y dándole un espacio para su programa "Diversamente".
Posteriormente, al indagar sobre la Concepción Cultural de
los Varones en los Pueblos Indígenas, una expositora ofreció una perspectiva
histórica:
"Porque nuestra cultura eh siempre ha habido una
igualdad. Siempre ha habido una igualdad en el trabajo, en los quehaceres de la
casa, en la cocina, en lavandería, eh había una igualdad. El hombre lavaba,
cocinaba, pero también la mujer hacía el rol del hombre".
Lamentablemente, esta práctica "se fue perdiendo".
Mi pregunta permitió visibilizar que, detrás de la lucha por el territorio y la
memoria, hay una batalla por recuperar esa igualdad perdida.
Me parece que la importancia de introducir la perspectiva de
las masculinidades y la diversidad en la dimensión del género en las
experiencias etnográficas es innegable. Las masculinidades, cuando son
problematizadas, revelan los costos sistémicos que el sistema impone sobre los
hombres para mantener la hegemonía. Por otro lado, la voz indígena permite
hacer visible que la inclusión de la diversidad (como el caso de Casandra) y la
igualdad de roles no son conceptos ajenos, sino saberes ancestrales que es
urgente recuperar en la lucha por el territorio. La etnografía, al situarse en
estas tensiones, se convierte en la herramienta indispensable para desmantelar
prejuicios y construir un conocimiento verdaderamente integral.







