A propósito del 30 aniversario del Área de Estudios de la Mujer y de Género de la UNJu, desde mi rol de compañero y militante de la memoria histórica en Salta, interpelo a los varones a asumir la "Epistemología de la Incomodidad" como legado político. Parto de la genealogía de Miguel Ragone, y propongo que esta postura se fundamente en las categorías de subalternidad, asedio e inmanencia enseñadas por el feminismo, para confrontar el poder masculino, el privilegio y la violencia estructural. Reclamo la renuncia al protagonismo y la acción cotidiana para estar a la altura de la revolución lograda por las feministas del Noroeste Argentino.
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| Lily Louys, Fernando Pequeño, Sofía Brailovsky |
Por Fernando Pequeño
Ragone
A las compañeras del Área de Género en la UNJu
Estas palabras me surgen de la emoción y el respeto
suscitados por la conmemoración de los 30 años de vida del Área
Interdisciplinaria de Estudios de la Mujer y de Género de la Facultad de
Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu). Fue
un encuentro que reafirmó la historia de lucha del feminismo pionero del
Noroeste Argentino, en el que celebramos la coherencia política que logró
transformar la academia, instalar el Protocolo de Violencia y alcanzar espacios
de decisión (el "poder de firmar"). Ante este triunfo indiscutible, y
desde mi lugar como compañero y militante de la memoria histórica en Salta, me dan
ganas de compartirles una reflexión sobre el camino que aún nos falta recorrer
a los varones: cómo honrar ese legado incorporando la Epistemología de la
Incomodidad a nuestra práctica cotidiana.
Pasaron solo tes días del encuentro y puedo ahora que la
emoción da paso a la reflexión, concatenar las ideas estalladas por la
interpelación. Y quiero de nuevo abrazarlas recorriendo años y anécdotas junto
a ustedes que parecían lejanas y mínimas, y que prendieron fueguitos internos
en mi, al decir de Galeano. 30 (¡o 35!) años de fuego, coherencia y militancia.
La lucha de ustedes, que logró que el feminismo tenga el
poder de "firmar" resoluciones y no solo de "pedir", que
instaló un Protocolo y sentó a las compañeras en el Vicerrectorado, es la
verdadera revolución de nuestro tiempo en el Noroeste. Mi respeto es infinito y
mi deseo es acompañar la profundización de todo ese trabajo en la vida
cotidiana.
Pero mi convicción, compañeras, no proviene solo del camino
académico o de la gestión. Nace de un camino marcado por la memoria y la
resistencia que me constituye. Mi apellido me interpela con una historia de
militancia, justicia y dolor. Soy parte de una genealogía que honra a Miguel
Ragone, aquel gobernador peronista que fuera víctima del terrorismo de Estado
en 1976. Mi historia personal está intrínsecamente ligada a la Asociación
Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia, que lleva décadas de
asedio al olvido.
Esta memoria militante es la que nutre mi mirada sobre las
masculinidades. ¿Por qué? Porque tanto la lucha por la Verdad y la Memoria como
la lucha feminista son combates frontales contra la violencia estructural,
contra el poder hegemónico que aplasta la dignidad y contra la forma más
violenta de la masculinidad: la que utiliza al Estado para desaparecer y
oprimir. Quien aprendió a buscar a un desaparecido, sabe que la lucha nunca
puede ser cómoda.
Mi deseo de acompañar lo fundo en la “Epistemología de la
Incomodidad” como legado
Por este motivo que liga opresión y búsqueda, mi propuesta de la Epistemología de la Incomodidad no es solo una herramienta teórica para varones; es un legado político que nos exige estar a la altura de la historia. Si la Asociación que me honra ha confrontado el poder que mata, a nosotros nos toca confrontar el poder masculino que oprime, violenta y asesina en el ámbito doméstico e institucional.
Para que esta epistemología sea una promesa de compañía y no
un gesto vacío, debe anclarse en las tres categorías que ustedes nos han
enseñado con su hacer cotidiano: la subalternidad, el asedio y la inmanencia.
El varón hegemónico es el sujeto universal, el que no
necesita explicar su existencia. La subalternidad es la exigencia de que el
varón asuma el lugar del interpelado por la crítica feminista, no el del
examinador. En este sentido, la subalternidad histórica se ejemplifica en la
experiencia de la Asociación Miguel Ragone, que representa la subalternidad
máxima: ser la voz de quien fue silenciado por el poder de un Estado Masculino
y Militar. Aprender de esa lucha implica comprender que la verdad se construye
desde abajo, desde la herida abierta. Esta incomodidad obliga al varón a
renunciar al protagonismo y a la justificación; debe ser capaz de sentir el
peso del privilegio y aceptar que su conocimiento sobre el mundo es parcial,
ciego y, a menudo, cómplice.
El patriarcado, como el olvido, es una estructura que se
nutre del tiempo y la comodidad. Para combatirlo, la deconstrucción debe ser un
asedio político constante. La labor de la Asociación Miguel Ragone ejemplifica
ese asedio constante y no negociable para recuperar la memoria y la verdad, un
proceso que lleva décadas. Este mismo espíritu de persistencia, esta misma
tozudez frente a la estructura, es la que debe adoptar el varón para desarmar
el patriarcado. Además, el feminismo nos asedia con la pregunta ¿dónde están
los varones? Nuestro trabajo es que esa pregunta nos obligue a la acción
cotidiana. El asedio debe realizarse con cordialidad y humor —el humor que
desarma el gesto solemne de la masculinidad—, pero siempre con la firmeza de la
no-vuelta-atrás.
Finalmente, la preocupación es que la deconstrucción sea una
teoría vacía. La transformación debe ser inmanente: una experiencia vivida en
el cuerpo y en el contexto político. Miguel Ragone representó una masculinidad
militante y popular, una forma de vida que confrontó el poder hasta las últimas
consecuencias. La inmanencia para los varones de hoy es asumir que la lucha por
la justicia de género no es un favor, sino el camino para recuperar nuestra
propia dignidad y construir una vida política que valga la pena. La incomodidad
se vive en el presente: en la sala de reuniones, en la universidad, en el
hogar. Es asumir que si ustedes lograron transformar la UNJu
institucionalmente, nuestro trabajo es aplicar esa crítica feminista inmanente
para confrontar la violencia y el privilegio en nuestros propios espacios,
rompiendo los "códigos alternativos" de complicidad y silencio.
Compañeras, mi deseo es que esta propuesta nos
encuentre a todos, varones deconstruidos y aliados, trabajando con la humildad
de quien sabe que la lucha es de ustedes pero el destino de la equidad es de
todos. Que el legado de lucha de la memoria nos impulse.
¡Salud, persistencia y a seguir incomodando la vida con la
alegría de la militancia! ✊🏽


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